Está en vigencia una teoría que pretende convencernos de que la humanidad del pasado (Pleistoceno y Holoceno temprano) fue salvaje y primitiva. Se le atribuye al Homo Sapiens una vigencia de 100.000 años, si no menos.
Este supuesto se fundamenta en el tipo de economía cazadora y recolectora, y el tipo de herramientas (líticas) empleadas. Para reforzar la teoría se apela al animismo, como creencia supersticiosa que aquella 'primitiva' gente sostendría.
El discurso de los antropólogos consiste en considerar que la humanidad pasó por un proceso evolutivo paulatino (aunque veloz) y que ahora está en su cenit; este proceso 'acelerado' se debe a las cualidades propias del Homo Sapiens, que al ser reflexivo estaría en condiciones de tomar en sus manos las circunstancias, y de doblegarlas a su favor.
Todas estas conclusiones se sacan de creer que fuimos hechos a imagen y semejanza de Dios, tal y como consta en la Biblia (Génesis 1:26-27), y que fuimos echados del Paraíso para valernos por nosotros mismos, como castigo por la desobediencia. En este punto lo toma la Ciencia, intentando determinar las Leyes mediante las cuales el humano puede llegar a recuperar su "plenitud".
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